lunes, 10 de marzo de 2008

DOS LUCHAS

Durante las últimas semanas, más allá del deseo y de la superficialidad oficialista, se libran manifiesta y públicamente dos luchas de profundas raíces y repercusiones. La Huelga Magisterial y el movimiento “No a la 99” han conseguido acaparar el espacio público de atención aunque el lente de la frivolidad bajo el cual se construye la opinión pública no haya podido rozar siquiera los valores fundamentales que están en juego.

Decir raíces es decir historia, decir repercusiones es hablar del presente y del futuro. Las raíces de la Huelga Magisterial se profundizan en el suelo movedizo de la “educación colonial”, formidable contradicción en términos. Las raíces del movimiento “No a la 99” rebasan por mucho los tiempos del origen del Estado moderno y se adentran a la definición misma de la persona y de la libertad humana.

Nuestro sistema educativo colonial es uno corrupto, politizado e incapaz de cumplir o lograr los objetivos que se traza. El Departamento de Educación es una gran cartera quebrada a dentellazos; es un reproductor ideológico del conformismo y del estancamiento, y un enorme centro del trapicheo de las influencias politiqueras territorialistas. Ha sido así por décadas. Mientras algún Secretario se ha robado el dinero, otros han conseguido matarle la esperanza.

La escuela es un lugar de enormes sacrificios y privaciones, el Distrito Escolar es un enjambre de abusos y arbitrariedades; la Región Escolar encausa y encubre la corriente de ineptitud burocrática, y congela y absorbe cualquier impulso de cambio. El Secretario que lo dirige – llámese como se llame – se posa sobre un cuerpo inerte que aplasta el potencial de gran parte de nuestra juventud y que cercena el enorme recurso creativo que representa el cuerpo magisterial.

De ahí que igualmente aplastante resulten las estadísticas. Cerca de la mitad de los estudiantes no se gradúan de cuarto año. La mitad de los que no han sido abandonados por la escuela no logran adquirir al cabo de los años las destrezas básicas. El Departamento de Educación Colonial como estructura y como órgano cumple fielmente el cometido de perpetuar la dependencia. Cada día de esfuerzo magisterial y estudiantil supone el éxito menguado de algunos y el estancamiento de la mayoría.

Quien haya querido proyectarle al país que la lucha del magisterio es una “pesetera”, ha querido borrar el hecho básico de que los maestros en Huelga luchan por una escuela distinta con condiciones de trabajo, recursos y procedimientos que valoricen y viabilicen la calidad de lo que es para la niñez y la juventud un derecho.

Ese derecho tiene que ser pleno. No puede cifrarse en repetir lo que continuamente fracasa. No puede nutrir el conformismo ni la abulia, ni puede servir para perpetuar un sistema mediocre y absurdo que dilapida potenciales y recursos en su torpe y asfixiante repetición.

Algunos en Puerto Rico claman públicamente por el retorno a la normalidad en las escuelas, como si tal normalización enfrentara de alguna manera los profundos problemas del inerte sistema educativo. Se trata de que no se discuta a fondo el problema central. Se trata de la “normalidad” del sepulcro, pues hace demasiado tiempo que el Departamento de Educación ha ido matando la educación y ha estado robándole a los estudiantes, a los maestros, a las familias y al país, no sólo la esperanza, sino lo que debe ser su proyecto de futuro para ser libre y competir en un mundo difícil.

En la otra orilla del cauce de la discusión pública de estos días está la evaluación que no se quiere que haga la Cámara de Representantes de la Resolución Concurrente del Senado 99. Esta medida de encargo “pastoral” fue aprobada irreflexiblemente por el Senado – con dos honrosos votos en contra, incluido el de mi contraparte del PIP allí, María de Lourdes Santiago – el pasado 7 de noviembre.

La medida no sólo es técnicamente un amasijo de disparates que chocan contra el proceso de enmienda constitucional establecido en el Artículo VII, sino que es además un barrecampo que barrena y dilapida en su diseño estructural y propósito el Artículo II (Carta de Derechos), y que atenta contra varios derechos contenidos allí y contra las garantías básicas del debido proceso de ley, la igual protección de las leyes y la separación de Iglesia y Estado.

Se trata de un acto de sabotaje de la Cámara de Representantes paradójicamente moralista, para instalar en ese texto doctrinas de fe religiosa. Algo que está proscrito enteramente, no por capricho, sino por dura experiencia histórica de milenios de persecución por razón de pensar la vida, el mundo, a Dios Padre de manera distinta. Se respira la oficialización de la doctrina y el peligro inminente de que se abra la puerta a más división, más discriminación y más persecución. Examínese, a manera de ejemplo, los casos de las cientos de miles de personas que han vivido en concubinato, y en los cientos de miles de hijos producto de esas parejas que podrían se víctimas potenciales contra lo que advertimos.

Los proponentes de la medida sienten que les anima un propósito noble. Sin embargo, en esta materia como en otras, la nobleza de intención contrasta con siglos de desastre histórico.

Es necesario que el calendario politiquero aplanador pre-primarista no se imponga frente al espacio de reflexión urgente para prevenir que la Resolución Concurrente del Senado 99 salga del filtro legislativo. Sería una vergüenza que algo tan divisivo y cáustico a la aspiración democrática sea sacado hacia las urnas. Si tal cosa sucediere, no tenemos duda de que los tribunales lo invalidarán antes de llegar a las urnas. Pero el precedente de aprobarla en el Capitolio sería deshonroso y retrógrado como forma y como contenido.

Ciertamente los eventos de la pasada semana y las dos luchas que hemos reseñado constituyen un espacio de reflexión que debería desarrollarse más allá del frivolizar cotidiano al cual nos condena la co-dependencia colonial.

CALCULOS QUE HIEDEN

En otro de esos cálculos suyos que hieden, el Gobernador le asesta nuevamente un golpe a la libertad de expresión y asociación pretendiendo borrar de un manotazo a la Federación de Maestros.

Valiéndose de una decisión retrógrada de una mal llamada Comisión del Trabajo para el Servicio Público, la administración popular ha conseguido por el momento descertificar a la Federación de Maestros. Una resolución de 48 páginas, tributo a la orfandad de fundamento, sirve de guillotina y verdugo cómplice a la administración manipuladora del señor Acevedo Vilá. No debe extrañarnos, pues hace veinte años cuando era imberbe, con precoz vocación manipuladora, escribió como asesor del entonces gobernador Rafael Hernández Colón un curioso memorando aduciendo el carácter manipulable de los sindicatos. Hoy, aquel asesor, ahora gobernador, protagoniza su propio libreto febril en un drama que entra a su cuarto año con este pretendido descabezamiento a la Federación de Maestros de Puerto Rico.

Como sabemos, Acevedo Vilá por medio de la manipulación ha querido dividir el sindicalismo en dos campos. Por un lado está el sindicalismo bobo o dócil representado por seudo líderes que aplauden y abrazan impuestos permanentes como el IVU a cambio de reconocimientos y migajas. Por otro lado, está el sindicalismo vertical y de denuncias a la corrupción administrativa, a las contribuciones explotadoras, al régimen de privilegios corporativos, es decir, el sindicalismo que no se cansa, ni se rinde, ni claudica. A este último grupo pertenece la Federación de Maestros, quien ha prevalecido en las urnas frente a una asociación de corte y manufactura patronal aliada de facto al PPD y a su Gobernador en la agenda divisiva del precoz libretista y hoy actor manipulador Acevedo Vilá.

Para la Federación de Maestros, la fórmula del Gobernador es nuevamente la del cierre. Así como cerró el gobierno por dos semanas -ilegalmente y a la cañona- quiere cerrar el sindicato; cerrar la negociación largamente dilatada por su administración; cerrarle el paso a más de dos mil líderes del magisterio proscribiéndolos de actividades sindicales.

Se trata de una visión muy consecuente contra el sindicalismo crítico al cual hay que amordazarlo a como dé lugar, aunque el precio a pagar sea la demolición del edificio de la libertad de expresión y asociación (el único edificio que Acevedo Vilá está dispuesto a demoler).

El antisindicalismo encarnado en la descertificación de la Federación de Maestros no es distinto en su naturaleza a otras fechorías antisindicalistas de Acevedo Vilá y su administración. Va para tres años que se acordó una negociación entre la AAA y la Unión Independiente de la AAA y la administración se obstina en no firmarlo. Del mismo modo fuimos testigo de la fracasada fabricación de un caso de terrorismo contra la UTIER cuando a la Autoridad de Energía Eléctrica se le quemó la termoeléctrica de Palo Seco.

La Ley 45 del 1998 prohíbe la huelga. Usted no puede irse a huelga y marcharse a promoverla. Ese mandato de la ley, a mi parecer incorrecto y cuestionable desde el punto de vista constitucional, ha sido interpretado ilegal e inconstitucionalmente por la Comisión del Trabajo en el Servicio Público como una autorización para castigar aún antes de una huelga a la matrícula de un sindicato que la apoya en Asamblea.

Es decir, castiga por abogar por un método de lucha sindical, castiga por debatirlo y expresarse a favor de ese método, castiga a sus funcionarios y delegados por manifestarse a favor de una huelga aunque no haya habido la tal huelga. De paso, castiga a toda la matrícula del sindicato por deliberar o votar la cuestión incluyendo a los que no intervinieron y a los que no asistieron a la Asamblea.

Se trata del Cadillac de la represión sindical, de una mordaza dorada, de la vuelta a la Ley de la Mordaza y con extras tan detestables a una decisión jurídica como una orden de proveer listas de delegados, y como la publicación de un edicto con el texto de la masacre de 48 páginas.

Independientemente de que formemos parte o no de un sindicato o asociación, todos los puertorriqueños tenemos la obligación de protestar contra la resurrección de la Mordaza. Todos los que hayamos participado de o nos hayamos beneficiado de los casos que restituyeron parcialmente la libertad de expresión en Puerto Rico, tenemos que combatir la decisión a la carta a favor de Aníbal Acevedo Vilá y su política antiobrera, y en contra de los derechos de todos los puertorriqueños.

Si la Comisión del Trabajo en el Servicio Público no reconsidera y revoca su determinación, los custodios judiciales tienen que hacerlo señalando los excesos y desbordamientos de un error craso. Mientras tanto, el pueblo de Puerto Rico tiene que prepararse para resistir esa embestida que hace retroceder al país más de medio siglo.